jueves, diciembre 02, 2010

SOBREVIVIR A LA TRAICIÓN

Cuando leais estas líneas, si es que alguno de vosotros las lee teniendo en cuenta que este blog y su autor llevan cierto tiempo en estado de hibernación, seguramente ya se habrá consumado el regreso de LeBron con su nuevo equipo, los Miami Heat, a la cancha en la que un día fue idolatrado. Desde que el exuberante talento de un chaval de Akron con cuerpo de Dios y mente de niño asombró al mundo, bastante antes de su debut en la NBA, los aficionados de los Cavs depositaron en él las esperanzas de regeneración de una franquicia con tradición perdedora. Yo mismo, que me he declarado lebroniano acérrimo artículo tras artículo en este blog no he hecho sino pronosticar el momento en el que mi adorado equipo, guiado por su rey, pondría fin a la inacabable travesía por el desierto y conseguiría el ansiado título que no sólo los aficionados al baloncesto, sino todos los habitantes de Cleveland, la ciudad maldita del deporte profesional en Estados Unidos, anhelan con desesperación. Todos vimos en LeBron nuestro mesías, nuestro salvador y depositamos en él una confianza infinita. Lo idealizamos. Y ahora, con todo el derecho del mundo, nos sentimos traicionados.

He tenido la oportunidad de reflexionar bastante sobre la traición en los últimos tiempos. Sinceramente, dudo mucho que el ser humano pueda experimentar un sentimiento peor que el de sentirse traicionado. La traición tiende instantáneamente un puente entre el amor y el odio y por eso su efecto es devastador sobre el que la sufre. Por una parte debes intentar superar el daño que te han hecho. Por otra, compruebas estupefacto como la traición sufrida hace nacer en ti sentimientos negativos hacia quien te ha traicionado y hacia el mundo, sentimientos tan horribles que no puedes ni entender lo que te está pasando. La traición aniquila tu autoestima y te deja en un estado en el que te crees con derecho a reclamar la compasión. En este punto el riesgo de parecer patético es elevado. Sí, definitivamente ser traicionado te convierte en una persona peor.

Y es así como se sienten los aficionados de los Cavs, que se alegran enormemente de que a LeBron no le esté yendo bien en Miami y hoy van a darle el peor recibimiento que uno pueda imaginarse. Creo que es un error. En mi opinión los aficionados de los Cavs deberían dejar de pensar en LeBron y centrarse en apoyar a su equipo que está haciendo una campaña más que digna en este inicio de campeonato. Pronto encontraremos nuevos motivos para ilusionarnos.

Creo que quizá lo que cada uno de los que nos sentimos traicionados debería pensar es que en el fondo la culpa no es del traidor sino nuestra. Fuimos nosotros quienes le idealizamos. Fuimos nosotros quienes le elevamos automáticamente a la categoría de dios, generando en él unas expectativas desmesuradas que no ha cumplido. ¿No estuvo quiza el error en pensar que podría cumplirlas? La marcha de Lebron a Miami, donde ha tirado por el camino fácil de juntarse con otras dos superestrellas, revela una realidad incuestionable: No se cree capaz de llevar él solo a un equipo a la victoria. No ha estado a la altura de otros grandes jugadores del pasado. No ha sido capaz de ver lo que todos los demás vimos. Ha dudado de sí mismo, cosa que nosotros nunca hicimos y por eso, no merece ocupar en nuestros corazones el lugar que le habíamos reservado. No era tan grande. No nos merece.

Pero tanto cariño, tanto amor, tanta dedicación…¿desperdiciados?. No lo creo. Me niego a creerlo. Quien admira o ama incondicionalmente a alguien no debe arrepentirse de nada, sino todo lo contrario. Debe estar orgulloso de haber albergado esos sentimientos y si acaso, lamentar haberlos volcado en alguien que no nos ha correspondido.

Por cierto, aunque ahora me sienta tremendamente decepcionado sigo siendo lebroniano, Sigo asombrado por su talento y sus cualidades sobre la cancha. Lo que ocurre es que no creo que ahora él se merezca mi atención. Ya no estoy pendiente de él, ya no sigo sus estadísticas, ya no me preocupo de sus lesiones, ya no sufro ni me alegro por sus victorias y derrotas. Tampoco tengo sentimientos negativos hacia él y por supuesto no le deseo nada malo. Ahora pienso en él como alguien que una vez fue muy importante para mí y que siempre va a serlo. Alguien que me hizo feliz, y que me dio motivos para ilusionarme, que me dio esperanza. No. No reniego de esos sentimientos. Sería un necio. Sencillamente ya no los tengo y ahora pienso en LeBron desde otra perspectiva, la mía, la de mi equipo. Trato de verlo como a cualquier gran jugador que milita en un equipo que no es el mío. Él ya no forma parte de mi vida.

Puedo sobrevivir a LeBron. Podemos sobrevivir a LeBron. Podemos alcanzar nuestro objetivo sin él. Depende de nosotros mismos. A todos y cada uno de los aficionados de los Cavs y a todos y cada uno de los que, alguna vez, por una u otra causa, os habéis sentido traicionados os digo lo siguiente: Nunca os arrepintáis de haber confiado. Aprovechad esa experiencia y trasformarla en algo positivo, en algo que os haga más fuertes. Girad hacia otro lado, mirad en vuestro interior y trazad un camino imaginario entre vuestra alma y ese punto difuso en el horizonte que llamamos felicidad. Cerrad los ojos, apretad los puños y echaros andar. Si llegáis o no, ya se verá. Entre tanto prometedme que intentareis disfrutar del viaje.

miércoles, octubre 21, 2009

UN MITO LLAMADO ANDRÉS MONTES

Han pasado algunos días desde la muerte de Andrés Montes y durante este tiempo he vencido varias veces la tentación de escribir sobre el tema. Sentía la necesidad de escribir pero también de huir del clásico homenaje repleto de tópicos en el que las palabras único, genial e irrepetible se han escrito tantas veces que entre todos hemos conseguido vaciarlas de significado. En mi caso, la tristeza de haber perdido a Andrés se ha agudizado enormemente por el hecho de no haber encontrado una explicación a las causas de su muerte.

Llevo desde el viernes por la noche intentando saber lo que le ha pasado a Andrés y hasta el momento hay más preguntas que respuestas. No sabemos a ciencia cierta el qué ni el cómo ni el por qué. Los pocos detalles que han trascendido sobre las circunstancias de su fallecimiento hacen pensar que quizá Andrés Montés decidió tomar una trágica y drástica decisión. El hecho de que no se haya hecho pública la causa de su muerte ni el resultado de la autopsia no hace sino añadir misterio al misterio. Y yo me pregunto si ese extraño silencio que se ha apoderado de sus amigos y conocidos, casi todos compañeros de profesión, no tendrá menos que ver con el respeto a su memoria y a la intimidad de su familia que con el deseo de no empañar la imagen de un poderoso grupo de comunicación que recientemente tomó con él una dura decisión empresarial, ésta no trágica aunque igualmente drástica.

Yo no sé si Andrés Montes se ha quitado la vida y no sé si algún día lo sabré pero si sé que la existencia de un hombre se sustenta en tres pilares sin los cuales difícilmente uno puede resistir los embates de la vida: la salud, la familia y el trabajo. De lo poco que sabíamos sobre su vida y de lo poquísimo que algunos de los que le conocían bien nos han contado después de su muerte podemos ahora deducir que al menos dos de esos pilares no gozaban de la estabilidad necesaria. Una fría decisión empresarial pudo ser el golpe definitivo que hizo derrumbarse el tercero y con él toda la estructura que soportaba. Pero también puede ser que todo esto sea una mera especulación y que al pobre Andrés le sobreviniera un infarto, un derrame cerebral, un aneurisma o cualquiera de esas cosas. De todos modos deberían habérnoslo contado. Fuera lo que fuera lo que le pasó me creo, por la admiración que le tenía, en el derecho de saberlo. O al menos de preguntarlo.

Genial. Único. Irrepetible. Por supuesto que era genial. Claro que era único e irrepetible. Todo ser humano lo es. Pero para los que amamos el baloncesto y especialmente la NBA Andrés Montes era mucho más que eso. Era alguien a quien teníamos un cariño excepcional. Por muchísimas razones pero especialmente por una que también estos días se ha repetido hasta la saciedad: por entender y ser capaz de transmitir que la única manera de enganchar a alguien a un deporte es vivirlo uno mismo como una pasión desenfrenada, y en consecuencia, convertir la narración de cada partido en una fiesta. Noche tras noche, con Andrés como peculiar maestro de ceremonias, asistíamos a una auténtica celebración de nuestro amor por el baloncesto. Pero no únicamente de nuestro amor por el baloncesto. También celebrábamos nuestro amor por la música, por el cine, por la buena comida, por la vida en definitiva. Una vida que, como decía Andrés, puede ser maravillosa aunque quizá para él había dejado de serlo.

Desde el pasado viernes una palabra resuena en mi cabeza sin parar: “mito” He decidido consultar su significado en el diccionario y, entre otras acepciones, he encontrado las siguientes: Historia ficticia o personaje literario o artístico que condensa alguna realidad humana de significación universal. Persona o cosa rodeada de extraordinaria estima.

El mito nace cuando el personaje muere. Si no fuera así no se utilizaría la expresión “mito viviente” Las extrañas circunstancias de su muerte nos obligan a especular entre lo real y lo ficticio y la frase de despedida de su última retransmisión se nos revela ahora como el envoltorio de un mensaje quizá deliberadamente premonitorio que visto lo sucedido después cobra un significado escalofriante. Sin pretenderlo o quizá sí, Andrés Montes se ha convertido en un mito.

Adiós Andrés. Vivirás para siempre en nuestros corazones porque las personas que aportan felicidad a nuestras vidas no mueren nunca. Y todos nos acordaremos de ti cuando en medio de un partido alguien se tire una piedra o meta una canasta de churro. También sonreiremos cuando veamos a un miembro del club del “gourmet”, “se dejaba llevar” o “abre los ojos”.

Querido Andrés. Mítico Andrés. Quizá a partir de hoy ver una retransmisión deportiva ya no será una celebración de nuestro amor por el deporte y la vida pero sí un pretexto para honrar tu memoria. Nuestro particular homenaje será seguir viviendo la magia del basket. Gracias por todo amigo. Hasta siempre.